I H a t e Y o u

¿Por qué no cree en Dios?

Publicado en ¿Por qué no cree en Dios? por IHateYou en noviembre 6, 2011

…si alguien me hubiese preguntado, ¿por qué no cree en Dios?, mi respuesta habría sido más o menos la siguiente: “Observe el universo en que vivimos. Es en su mayor parte un espacio vacío, completamente oscuro e increíblemente frío. Los cuerpos que se mueven en él son tan pocos y pequeños en comparación con el espacio mismo que, aun si supiéramos que cada uno de ellos está repleto de creaturas perfectamente felices, sería difícil creer que la vida y la felicidad fueran algo más que un mero subproducto para el poder que creó el universo. Sin embargo, tal como se ve, los científicos creen probable que muy pocos soles, quizá ninguno a excepción del nuestro, tengan planetas; y, en nuestro sistema solar, es muy poco factible que exista vida en algún planeta que no sea la Tierra. La Tierra ya existía millones de años antes que hubiese vida en ella, y puede existir millones más, una vez que ésta desaparezca. Y, ¿cómo es la vida mientras dura? Se da de un modo tal, que todas sus formas pueden vivir solamente mediante la depredación. En las formas inferiores este proceso sólo implica muerte; pero, en las formas superiores se manifiesta una cualidad diferente, llamada conciencia, que les permite llevarlo a efecto con dolor. Las creaturas producen dolor al nacer, viven causando dolor y, en su mayoría, mueren con dolor. En la creatura más compleja de todas, el hombre, se manifiesta, aun, otra cualidad, que llamamos razón, que le permite prever su propio dolor —que es precedido por un agudo sufrimiento intelectual—, como también prever su propia muerte, aun cuando ansíe fervientemente seguir viviendo. La razón también permite a los hombres, mediante un centenar de maquinaciones ingeniosas, infligir muchísimo más dolor del que sin ella podrían haberse causado unos a otros y a las creaturas irracionales. El hombre ha ejercido este poder al máximo; su historia es en gran parte un archivo de crímenes, guerras, enfermedades y terror, con suficientes dosis de felicidad como para producirle, mientras dura, un angustioso temor a perderla y, una vez que se ha perdido, la terrible desgracia de recordar. De vez en cuando, el hombre mejora su condición y aparece aquello que llamamos civilización. Sin embargo, todas las civilizaciones desaparecen e, incluso mientras duran, producen suficientes sufrimientos que le son propios y que, probablemente, exceden el alivio que pueda haber traído consigo a los sufrimientos normales del hombre. Que nuestra civilización haya hecho esto, no puede discutirse; que morirá al igual que todas las anteriores, es seguramente probable. Incluso, si no fuera así, ¿qué pasaría? La raza está condenada. Toda raza que nace a la vida, en cualquier lugar del universo, está condenada; ya que, según se dice, el universo se está debilitando y será algún día un infinito uniforme de materia homogénea a baja temperatura. Todo terminará en nada: al final toda vida resultará haber sido una mueca transitoria y sin sentido de la faz necia de la materia infinita. Si me pide que crea que esto es obra de un espíritu benévolo y omnipotente, mi respuesta es que toda evidencia apunta en sentido opuesto: o a éste el bien y el mal le son indiferentes, o se trata de un espíritu maligno”.

C.S. Lewis, en The Problem of Pain, 1940. Traducción de Susana Bunster.

La muerte de un humano

Publicado en La muerte de un humano por IHateYou en mayo 6, 2011

No estaba muerto, estaba de parranda.

No me produce alegría la muerte de ningún ser humano, y no por humanidad sino al contrario, por falta de ella: ha de ser necesario un estado primitivo de empatía para celebrar la muerte, empatía con las víctimas del asesino, empatía con el sufrimiento del moribundo, empatía con un grupo humano.  

Como humanos sujetos a la desaparición, es estúpido celebrar la muerte, no hay humano que no vaya a morir, y no hay ninguna seguridad en que este fallecimiento no vaya a venir acompañado de dolor, enfermedad, mutilación o decadencia. Además, si aplicamos algo de matemática básica al asunto, estadísticamente la muerte de cada humano nos va acercando un poco más a la nuestra: cada individuo tiene un promedio de vida que es como una línea salpicada de los cuerpos de otros miembros de la misma especie. Cuando nacemos ningún humano ha muerto aún en el tiempo que comparte con nosotros esa línea, luego a través de los años, serán millones los individuos caídos que cubrirán nuestra propia línea vital. Por supuesto hay individuos más importantes que otros en esa línea; individuos cuya muerte nos acercará de forma aun más acelerada a nuestro propio fallecimiento: familiares cercanos, cadáveres de desconocidos que topamos accidentalmente, personajes de renombre mundial. Desde este punto de vista, la vida que nos queda, sería como el resultado de una ecuación en la que debemos restar al promedio de muertes de miembros de la especie que hemos contemplado ya, aquellos que todavía nos hace falta por observar, un valor x que se podría hallar fácilmente promediando el número de muertes que un individuo en una posición geográfica e histórica determinada ha visto hasta el final de su existencia. Que otro haga la ecuación, pero que nuestra muerte depende de la suerte de los demás miembros de la humanidad, parece bastante lógico. Una gran mortandad en nuestros alrededores, sin duda debería hacernos preocupar por nuestras propias posibilidades de supervivencia. En suma, la tasa de mortalidad es inversamente proporcional a la tasa de esperanza de vida. Si la tasa de mortalidad aumenta, nuestra probabilidad de morir se hace mayor. (En un mundo infinito no haría falta decir también que el aumento en el número de individuos de una especie que ocupa un espacio determinado, al llegar a un límite en el cual ya ha ocupado todo el espacio disponible, dispara de igual modo esta tasa de mortalidad).

Los seres lógicos y racionales no evalúan la muerte de los individuos entonces de formas emocionales, sino como individuos y observadores sujetos a las mismas leyes naturales que los cuerpos en pudrición. Se puede objetar sin embargo que la muerte de algunos humanos puede elevar la esperanza de vida de otros, y que en este caso si cabría celebrar su muerte. Por ejemplo, si un rey que acapara la comida y deja morir de hambre a su pueblo fallece, tal vez sus súbditos empiecen a partir del punto de su muerte a gozar de mayores cantidades de alimentos, pero también es posible que surga un rey peor y que este acaparé aun de mayor manera los recursos de que dispone su comunidad. De la misma manera la muerte de un asesino en serie puede evitar que suba la tasa de homicidios; pero también la popularización de su historia puede hacer que surgan imitadores y que esta tasa aumente. En la práctica la aplicación del asesinato de los culpables no parece tener mayores consecuencias sobre la esperanza de vida; en condiciones ideales sólo debería aplicarse la pena de muerte cuando se pudiera demostrar de forma estadística un efecto positivo sobre la esperanza de vida de los individuos del grupo. Incluso desde el punto de vista lógico los asesinos pudieran ser considerados también seres beneficiosos a la sociedad, una especie despojada de depredadores naturales y presión del medio, podría encontrar en algunos miembros de su propia especie dedicados a eliminar a los débiles, una forma de mantener el equilibrio de la selección natural. Entonces encontramos que aunque a primera vista el aumento en la esperanza de vida es lo principal para los individuos, no así lo es para la especie, ya que, ¿de que le serviría a una especie conseguir altas y longevas existencias para sus individuos si estos son seres degenerados y débiles que sucumbirían fácilmente ante cualquier cambio medioambiental o la invasión de su hábitat por una especie nueva? Si pensamos un poco en ello, hallamos entonces que el beneficio del individuo (de todos los individuos por igual) es contrario al beneficio de  la especie. Lo que nos lleva a replantearnos la cuestión inicial, ya que si evidentemente la muerte de un ser humano no debería ser motivo de celebración para ningún humano individual (ni aun en el caso en que esta muerte hubiera sido directamente causada por el propio individuo; en este caso el gozo debería ser sobre la propia fortaleza, y no sobre la debilidad del vencido), no es esto tan claro para la especie. Al contrario, para la supervivencia de la especie, el deceso de sus individuos, no es tan solo necesario, sino deseable, ya que maximiza los efectos de la selección natural.

La verdadera cuestión sería entonces: ¿es positivo para la supervivencia de la especie que los individuos sientan empatía por la muerte de sus semejantes? Nótese que no distingo entre la muerte de seres queridos, y seres no queridos, y que la empatía, sea de cargas negativa o positivas, corresponde al mismo fenómeno de naturaleza emocional. La respuesta parece ambigua, ya que en general esta empatía no parece tener el mismo grado hacía todos los semejantes. En el entorno natural, por lo menos, la empatía esta bastante limitada a un núcleo familiar y social bien pequeño (casi que exclusivamente entre madres e hijos), y en esta pequeña escala funciona bastante bien para la especie, incentivando la competencia entre los diversos grupos y asegurando la supervivencia de la descendencia. Sin embargo, en el caso de los humanos, y debido a la comunicación de masas, se puede decir que la empatía se ha extendido de manera artificial hasta cobijar a toda la especie humana. La empatía en el mundo natural es un instrumento para preservar los pequeños grupos familiares, y por naturaleza no puede ser extendida a un grupo mayor, sin perder su efectividad. Por tanto, en una sociedad de millones de individuos la empatía se convierte en un instrumento al servicio de la ideología, situación que a largo plazo no puede acarrear sino la ruina de la especie, impidiendo que los pequeños grupos mejor preparados sobresalgan, y uniformando a los individuos de forma forzada y antinatural; es evidente que desde el punto de vista evolutivo no es rentable extender la empatía hacía individuos de diferente carga genética indiscriminadamente. Lejos de convertirse entonces en un factor de mejoramiento y preservación del grupo, la empatía se convierte entonces en un medio de control usado para justificar conflictos artificiales (empatía por los oprimidos, sin entrar a analizar de forma racional los motivos de esa opresión, empatía negativa por los opresores, presentados así por los medios sin sustentar de forma alguna sus afirmaciones), en una forma de exacerbar el consumo (empatía por asimilarse a otros seres humanos de acuerdo a sus posesiones), y en una manera de cohesionar falsamente una comunidad mundial (realmente diversa y antagónica).

La realidad global nos muestra entonces una cada vez mayor exacerbación de la empatía ante la muerte, y esta empatía no es beneficiosa ni para el individuo, ni para los pequeños grupos, ni para la especie en general. Si se contempla el espectáculo lamentable de una humanidad cada día más envilecida y vulnerable a si misma, tan embrutecida que no es capaz de discernir entre un asesinato o una muerte virtual y una real, es de imaginar que el futuro de la especie humana no será muy distinto y que determinadas adaptaciones evolutivas beneficiosas en el pasado, pueden ser también las responsables de su propia desaparición, o estancamiento.

El otro extremo sería la evolución de una sociedad de seres inteligentes no empáticos. Un ser inteligente no empático no festejaría ni lamentaría la muerte, siendo indiferente a ella excepto en el caso individual, comportándose ante la mortandad de forma lógica y equilibrada, buscando maximizar sus posibilidades de supervivencia en todas las condiciones que se le presenten. El ser empático estaría ante el ser no empático en condición de vulnerabilidad extrema. Mientras el ser empático, primitivo y simiesco, se embriagaría ante la caída de su enemigo para luego ser devorado mientras duerme por otro aun peor, el ser no empático evaluaría siempre los riesgos para su supervivencia de todas sus acciones, incluso de aquellas que a primera vista parezcan necesarias; para él no habría nunca necesidad de venganza o justicia. Si estos seres surgirán por si mismos, producto de la adaptación y la lucha vital, o por medio de la ingeniería genética, o si eventualmente llegarán a existir, o no, algún día, no es algo que sea claro aún.

El vagabundo con una escopeta

Publicado en Hobo with a Shotgun (2011) por IHateYou en abril 27, 2011

El maldito vagabundo y su escopeta.

El vagabundo con una escopeta (Hobo with a shotgun), es una de esas adorables películas en las cuales después de generosas dosis de violencia de la más extrema, la cual incluye pero no se limita a: desmembramientos, despellejamientos, destrucción de la cavidad toráxica, ingestión de vidrio, decapitaciones, golpizas mortales, entrañas desperdigadas, acribillamientos, masacres, persecuciones, hordas humanas sedientas de sangre, policías corruptos, ausencia completa de ley y moral, monstruos motorizados en armaduras metálicas, chulería, armas hechizas del tipo no lo intenten nunca en casa, garrotes medievales, torturas salidas de mentes desequilibradas, miembros rotos, ciudades de apariencia postapocalíptica, máquinas de juegos de 8 bits, baños de sangre, peinados engominados, prostitutas abusadas de formas salvajes, pandillas juveniles, fuegos artificiales, parricidio, homicidio, (y todo aquello que terminé en cidio o filia), y por supuesto, un viejo y amargado mendigo con una escopeta; se nos pretende enseñar de la forma más didáctica y realista posible la importancia de algunos valores indispensables para vivir en sociedad, tales como la justicia, el sacrificio, la amistad, y por que no, el amor; sin los cuales la existencia se convertiría en un desolador paisaje de ignorancia, depravación y abusos de los fuertes sobre los débiles. Es en este sentido que el vagabundo es un Hammurabi, un Moises, un Viracocha, cuya tabla de la ley sólo tiene una línea y es un sonoro y estruendoso ¡bang! , y la historia en sí, una tragedia griega, una saga escandinava, ambientada ya no en una corte o un Olimpo, sino en las calles sucias y miserables, habitadas por personas sin hogar ni dignidad alguna, drogadictos armados de cuchillas, y, niñas y niños famélicos sin sueños ni esperanzas, que venden su cuerpo por una moneda o una rosquilla, donde lo único que parece abundante es la sangre derramada a borbotones por puro placer y el crack. Un paisaje triste y patético, que para nuestra fortuna el vagabundo decide tomar en sus propias manos y limpiar, renunciando, por supuesto, a sus propias y absurdas esperanzas (terminar sus días como un apacible jardinero de los suburbios), y dándole un sentido así por fin a su vida de fracaso y humillaciones, a través del desprecio y el profundo odio por los subhumanos que de pronto le rodean; un vagabundo que nos rememora también a un Dante, que ha de descender a los verdaderos pozos del infierno, y que cuenta con su propia Beatriz, un Quijote que no ve molinos de viento pero sí a una maestra (de escuela) en los ajados ojos de una trabajadora sexual.

Cuando todo termina, cuando la épica y el clímax sanguinolento y el lugar común quedan atrás, sólo le cabe al espectador preguntarse un par de cosas: ¿Quién era ese vagabundo heroico? ¿De donde vino? ¿Que le llevó a esa ciudad infernal? ¿El destino, el azar? ¿Fue siempre un vagabundo o cayó en esas condiciones debido a alguna imprevista desgracia, la caída de la bolsa, la Segunda Guerra Civil norteamericana, las malas compañías, la bebida, el juego, el robo, la traición, la decepción, o, incluso, la rebelión personal contra la sociedad de consumo? Y por supuesto, y no menos importante, ¿Cómo demonios conseguía mantener su escopeta siempre cargada? No importa, si hemos de creer en el mal, también hemos de hacerlo en el bien, y el bien puede que sea entonces una escopeta siempre dispuesta a perforar a un maldito y miserable desperdicio humano, en las manos de alguien que no tiene ya nada que perder: el pellejo de un viejo desposeído, muy, muy enojado con el mundo.

TRAILER


FICHA TÉCNICA

Título original: Hobo with a shotgun.
Año: 2011.
Género: Fantasía gore retropostapocalíptica.
Similar a: Brain Dead, Zombieland, Cape Fear, From Dusk Till Dawn, Rampage.
Mejor que: Machete, Fritt Vilt.
No tan buena como: Blade Runner, Alien.
Recomendada para: Lectores de este blog, psicópatas, pedófilos, todo público.
No recomendada para: Idiotas con síndrome de dawn, simios, epilépticos.
Grado de Odio: Aprobado.

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