I H a t e Y o u

La muerte de un humano

Publicado en La muerte de un humano por IHateYou en mayo 6, 2011

No estaba muerto, estaba de parranda.

No me produce alegría la muerte de ningún ser humano, y no por humanidad sino al contrario, por falta de ella: ha de ser necesario un estado primitivo de empatía para celebrar la muerte, empatía con las víctimas del asesino, empatía con el sufrimiento del moribundo, empatía con un grupo humano.  

Como humanos sujetos a la desaparición, es estúpido celebrar la muerte, no hay humano que no vaya a morir, y no hay ninguna seguridad en que este fallecimiento no vaya a venir acompañado de dolor, enfermedad, mutilación o decadencia. Además, si aplicamos algo de matemática básica al asunto, estadísticamente la muerte de cada humano nos va acercando un poco más a la nuestra: cada individuo tiene un promedio de vida que es como una línea salpicada de los cuerpos de otros miembros de la misma especie. Cuando nacemos ningún humano ha muerto aún en el tiempo que comparte con nosotros esa línea, luego a través de los años, serán millones los individuos caídos que cubrirán nuestra propia línea vital. Por supuesto hay individuos más importantes que otros en esa línea; individuos cuya muerte nos acercará de forma aun más acelerada a nuestro propio fallecimiento: familiares cercanos, cadáveres de desconocidos que topamos accidentalmente, personajes de renombre mundial. Desde este punto de vista, la vida que nos queda, sería como el resultado de una ecuación en la que debemos restar al promedio de muertes de miembros de la especie que hemos contemplado ya, aquellos que todavía nos hace falta por observar, un valor x que se podría hallar fácilmente promediando el número de muertes que un individuo en una posición geográfica e histórica determinada ha visto hasta el final de su existencia. Que otro haga la ecuación, pero que nuestra muerte depende de la suerte de los demás miembros de la humanidad, parece bastante lógico. Una gran mortandad en nuestros alrededores, sin duda debería hacernos preocupar por nuestras propias posibilidades de supervivencia. En suma, la tasa de mortalidad es inversamente proporcional a la tasa de esperanza de vida. Si la tasa de mortalidad aumenta, nuestra probabilidad de morir se hace mayor. (En un mundo infinito no haría falta decir también que el aumento en el número de individuos de una especie que ocupa un espacio determinado, al llegar a un límite en el cual ya ha ocupado todo el espacio disponible, dispara de igual modo esta tasa de mortalidad).

Los seres lógicos y racionales no evalúan la muerte de los individuos entonces de formas emocionales, sino como individuos y observadores sujetos a las mismas leyes naturales que los cuerpos en pudrición. Se puede objetar sin embargo que la muerte de algunos humanos puede elevar la esperanza de vida de otros, y que en este caso si cabría celebrar su muerte. Por ejemplo, si un rey que acapara la comida y deja morir de hambre a su pueblo fallece, tal vez sus súbditos empiecen a partir del punto de su muerte a gozar de mayores cantidades de alimentos, pero también es posible que surga un rey peor y que este acaparé aun de mayor manera los recursos de que dispone su comunidad. De la misma manera la muerte de un asesino en serie puede evitar que suba la tasa de homicidios; pero también la popularización de su historia puede hacer que surgan imitadores y que esta tasa aumente. En la práctica la aplicación del asesinato de los culpables no parece tener mayores consecuencias sobre la esperanza de vida; en condiciones ideales sólo debería aplicarse la pena de muerte cuando se pudiera demostrar de forma estadística un efecto positivo sobre la esperanza de vida de los individuos del grupo. Incluso desde el punto de vista lógico los asesinos pudieran ser considerados también seres beneficiosos a la sociedad, una especie despojada de depredadores naturales y presión del medio, podría encontrar en algunos miembros de su propia especie dedicados a eliminar a los débiles, una forma de mantener el equilibrio de la selección natural. Entonces encontramos que aunque a primera vista el aumento en la esperanza de vida es lo principal para los individuos, no así lo es para la especie, ya que, ¿de que le serviría a una especie conseguir altas y longevas existencias para sus individuos si estos son seres degenerados y débiles que sucumbirían fácilmente ante cualquier cambio medioambiental o la invasión de su hábitat por una especie nueva? Si pensamos un poco en ello, hallamos entonces que el beneficio del individuo (de todos los individuos por igual) es contrario al beneficio de  la especie. Lo que nos lleva a replantearnos la cuestión inicial, ya que si evidentemente la muerte de un ser humano no debería ser motivo de celebración para ningún humano individual (ni aun en el caso en que esta muerte hubiera sido directamente causada por el propio individuo; en este caso el gozo debería ser sobre la propia fortaleza, y no sobre la debilidad del vencido), no es esto tan claro para la especie. Al contrario, para la supervivencia de la especie, el deceso de sus individuos, no es tan solo necesario, sino deseable, ya que maximiza los efectos de la selección natural.

La verdadera cuestión sería entonces: ¿es positivo para la supervivencia de la especie que los individuos sientan empatía por la muerte de sus semejantes? Nótese que no distingo entre la muerte de seres queridos, y seres no queridos, y que la empatía, sea de cargas negativa o positivas, corresponde al mismo fenómeno de naturaleza emocional. La respuesta parece ambigua, ya que en general esta empatía no parece tener el mismo grado hacía todos los semejantes. En el entorno natural, por lo menos, la empatía esta bastante limitada a un núcleo familiar y social bien pequeño (casi que exclusivamente entre madres e hijos), y en esta pequeña escala funciona bastante bien para la especie, incentivando la competencia entre los diversos grupos y asegurando la supervivencia de la descendencia. Sin embargo, en el caso de los humanos, y debido a la comunicación de masas, se puede decir que la empatía se ha extendido de manera artificial hasta cobijar a toda la especie humana. La empatía en el mundo natural es un instrumento para preservar los pequeños grupos familiares, y por naturaleza no puede ser extendida a un grupo mayor, sin perder su efectividad. Por tanto, en una sociedad de millones de individuos la empatía se convierte en un instrumento al servicio de la ideología, situación que a largo plazo no puede acarrear sino la ruina de la especie, impidiendo que los pequeños grupos mejor preparados sobresalgan, y uniformando a los individuos de forma forzada y antinatural; es evidente que desde el punto de vista evolutivo no es rentable extender la empatía hacía individuos de diferente carga genética indiscriminadamente. Lejos de convertirse entonces en un factor de mejoramiento y preservación del grupo, la empatía se convierte entonces en un medio de control usado para justificar conflictos artificiales (empatía por los oprimidos, sin entrar a analizar de forma racional los motivos de esa opresión, empatía negativa por los opresores, presentados así por los medios sin sustentar de forma alguna sus afirmaciones), en una forma de exacerbar el consumo (empatía por asimilarse a otros seres humanos de acuerdo a sus posesiones), y en una manera de cohesionar falsamente una comunidad mundial (realmente diversa y antagónica).

La realidad global nos muestra entonces una cada vez mayor exacerbación de la empatía ante la muerte, y esta empatía no es beneficiosa ni para el individuo, ni para los pequeños grupos, ni para la especie en general. Si se contempla el espectáculo lamentable de una humanidad cada día más envilecida y vulnerable a si misma, tan embrutecida que no es capaz de discernir entre un asesinato o una muerte virtual y una real, es de imaginar que el futuro de la especie humana no será muy distinto y que determinadas adaptaciones evolutivas beneficiosas en el pasado, pueden ser también las responsables de su propia desaparición, o estancamiento.

El otro extremo sería la evolución de una sociedad de seres inteligentes no empáticos. Un ser inteligente no empático no festejaría ni lamentaría la muerte, siendo indiferente a ella excepto en el caso individual, comportándose ante la mortandad de forma lógica y equilibrada, buscando maximizar sus posibilidades de supervivencia en todas las condiciones que se le presenten. El ser empático estaría ante el ser no empático en condición de vulnerabilidad extrema. Mientras el ser empático, primitivo y simiesco, se embriagaría ante la caída de su enemigo para luego ser devorado mientras duerme por otro aun peor, el ser no empático evaluaría siempre los riesgos para su supervivencia de todas sus acciones, incluso de aquellas que a primera vista parezcan necesarias; para él no habría nunca necesidad de venganza o justicia. Si estos seres surgirán por si mismos, producto de la adaptación y la lucha vital, o por medio de la ingeniería genética, o si eventualmente llegarán a existir, o no, algún día, no es algo que sea claro aún.

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7 comentarios

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  1. warrendaiklen said, on mayo 10, 2011 at 11:48 pm

    Crei que este blog jamas volveria a ser del dominio publico, en fin que bueno es volver a leer estos escritos.

    He posteado desde antes pero no tenia cuenta de wordpress.

    Por cierto todo esto del circo mediatico de la “muerte de Bin Laden” es para buscar la reelección del negro Obama, hubieras puesto esa opción en la encuesta.

  2. obliterator said, on mayo 11, 2011 at 10:30 pm

    Muy interesante el artículo, realmente la empatía usada por los medios obliga a todas las ovejas a seguir el mismo rumbo predispuesto enl que deben pensar, comer, cagar y los muy hipócritas opinan que eso es “ser humano”.

    Yo prefiero forjar mi propia humanidad sin la influencia de amigos, jefes ni familia, ya que al obtener esa libertad al decidir sin ser manipulado por nadie se logran verdaderos avances para uno mismo. Es una caso de libro por ejemplo, la persona que se casa y tiene hijos e inmediatamente es sometido a la esclavitud de mantener una jodida familia y un trabajo de mierda estable todo por tratar de encajar en la sociedad ó ser visto como “buena persona”. ¡jajaja! que risa me dan las personas.

  3. IHY said, on mayo 14, 2011 at 12:11 am

    Obliterator: si señor, tener hijos debe ser la mierda.

    warrendaiklen: es una posibilidad, pero la encuesta es más sobre lo que pasó con el tristemente desaparecido Osama, que sobre las razones de su supuesta eliminación.

    Al respecto todavía hacen misterio con las fotos, como si un niño no le pudiera pixelar la cara con photoshop, si es por no herir susceptibilidades (vaya patraña). O como si no pudieran fotografiar el cadaver de cualquier moro barbudo con una granada en mitad del rostro (podían sacarlo de Afganistán, Libia o cualquier otro país bombardeado), ninguno de todos esos lobotomizados se daría cuenta. Lo único cierto es que no querían un juicio donde saliera a la luz la verdad.

  4. akira hokusai said, on julio 2, 2011 at 9:42 pm

    buen articulo , aunque imagino que osama estara viendo los partidos de la copa america en argentina mientras los estupidos estadosunidenses jura que el esta muerto .

    ahora bien , un claro ejemplo de especimenes simiescos y poco empaticos como lo relatado en tu columna : en kenya dos tipos se roban unos sacos de papas y demas verduras y en vez de denunciar a la policia .. bueno mejor miren ustedes el video . (advertencia nsfw) http://www.worldstarhiphop.com/videos/video.php?v=wshh1bU75xMHdx3Qwriz

    ¿ustedes creen que llevaron preso a los que le prendieron fuego a esos dos ” humanos” que yacian en el piso, o que hubo un juicio bajo algun tribunal o algo asi? .. nop fue solo otro dia normal en kenya , el pais de donde los familiares de barack obama se mueren de hambre y donde se fabrican barcos para ir a invadir y robar a europa .

  5. Ariel Garza Amaya said, on julio 4, 2011 at 5:15 am

    Saludos.

    Buenísimo el articulo de la cronologia.

  6. IHateYou said, on julio 6, 2011 at 12:08 am

    “…Por el contrario, la naturaleza, que no miente nunca, la naturaleza, siempre franca y abierta, se expresa acerca de este asunto de una manera muy diferente. Dice que nada le importa la vida o la muerte del individuo, y esto lo expresa entregando la vida del animal y también la del hombre a menores azares, sin hacer ningún esfuerzo para salvarlos… Así, pues, cuando esta madre soberana y universal expone a sus hijos sin escrúpulo alguno a mil riesgos inminentes, sabe que al sucumbir es que caen otra vez en su seno, donde los tiene ocultos. Su muerte no es más que un retozo, un jugueteo. Lo mismo le sucede al hombre que a los animales. El oráculo de la naturaleza se extiende a nosotros. Nuestra vida o nuestra muerte no los conmueve, y no debieran emocionarlos, porque nosotros también formamos parte de la naturaleza”.

    Arthur Schopenhauer

  7. egrojserdna said, on julio 20, 2011 at 9:58 pm

    Tiempo sin pasar por este trémulo lugar.

    Cómo va su ironía?


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