Alice in Wonderland (2010): otra mierda

Advertencia: el siguiente artículo NO dispone de abundantes spoilers, básicamente por la razón de que NO voy a perder mi valioso tiempo asistiendo a una sala llena de humanos, a contemplar tamaño esperpento cinematográfico.
La poderosa intuición desarrollada luego de mucho más de dos décadas de observar cine hollywoodense no me engaña; las más de las veces si algo huele mal es que está realmente podrido. En este caso la fruta podrida responde al nombre de Alicia en el país de las maravillas, la última y “novedosa” propuesta del infame drogadicto Tim Burton, quién ya ni siquiera se molesta en hacer castings sino que contrata al mismo elenco de su pasada película, encabezado por el “infaltable” Johnny Deep y una Helena Bonham Carter en estado de franca y pronunciada decrepitud. Como bien se habrá observado la campaña de expectativa de esta cinta apunta a un público objetivo formado por emos, lesbianas, gays, mujercitas bipolares y demás sujetos de dudosa sexualidad, razón de más para tampoco verla ya que no encajo en ninguna de esas categorías. Si usted se ha sentido emocionado con su estreno, lo siento, lo mejor es que afronte sus problemitas y salga del closet o visite un psiquiatra.
Pero bueno mi crítica no proviene tan solo de un odio irracional hacia ese personaje malnacido de Tim Burton, quién hace más de una década debería haberse retirado con dignidad en vez de sacar cada dos años cintas más patéticas y vomitivas, aptas solo para atrofiar el cerebro de débiles mentales; ha sido suficiente ver algunos cortos e imágenes promocionales para darse cuenta del bodrio abismal y perdida de dinero que puede llegar a ser contemplar esta cinta.

La historia. Si alguno de ustedes ha tenido alguna vez entre sus manos el libraco de Alicia en el país… concordará conmigo en que es tan solo una sucesión de escenas entre soporíferas y extrañas que no guardan ninguna relación entre sí escritas por un adicto al opio y posible pedófilo llamado Charles Lutwidge Dodgson, alias Lewis Carroll. La gran verdad es que siendo este sujeto tartamudo uno de lo pioneros de la pornografía infantil, es posible que solo escribiera tal texto con el propósito encubierto de seducir infantes. Su fama provino sin embargo no tanto por las frases sin sentido que escribió bajo el efecto del opio mientras sublimaba sus perversiones sexuales, sino de las excelentes ilustraciones con las cuales John Tenniel trato de darle algún sentido a tales desvaríos. Así durante las sucesivas reimpresiones del libro, generaciones de niños se entretuvieron con los bonitos e imaginativos dibujos de Tenniel, mientras desdeñaban sabiamente leer las historias sin sentido de Carroll, aptas para todos menos para infantes. Y hasta aquí todo estaba bien, hubiera terminado siendo recordado tan solo como un clásico infantil medianamente mediocre.
Empero, supongo que en algún momento Disney saco un fajó de dólares y compro los derechos de esta mierda de historia e hizo una adaptación colorida e insulsa que una vez más, debió todo a la pericia de los animadores y artistas el ser recordada. Luego, cientos o miles de años después surgió un movimiento “contracultural” en Estados Unidos, y algunos de estos drogadictos y pervertidos encontraron gran parecido entre sus experiencias con el LSD, los hongos y el peyote, y las escenas descritas por Carroll, elevando artificialmente entonces su libraco a la categoría de clásico de culto, ya que les parecía bueno de leer en estado de perdición narcótica. También ayudo el que fuera vista como una especie de versión soft de Lolita.

Y bien, volviendo otros miles de años hacía el presente, un día Disney se enteró de los propósitos de James Cameron de llevarse todas las ganancias de los estrenos de navidad de 2009 con otro bodrio llamado Avatar. Fue entonces cuando convocaron una reunión de urgencia en el bunker que queda bajo Disneylandia y dijeron hagamos una nueva versión de Alicia y que la haga el inepto de Burton y que lo asesoren un par de tipos que de verdad sepan algo de hacer películas en 3D. Así se invirtieron millones de dólares que fueron no tan generosamente repartidos entre miles de artistas digitales que luego se gastaron sus ganancias en droga, más droga todavía.
Sin embargo como era una versión 2010, no se iban a contentar sino destruyendo la historia mediocremente buena que había para adaptarla a los nuevos tiempos. Entonces empezaron así, poner una niña en el papel de la objeto sexual Alicia sería tal vez poco políticamente correcto, así que subámosle un poco la edad y en su lugar contratemos a una veterana putita, pero eso si sin muchas tetas; luego, ese look elegante victoriano y comedido de los personajes, pónganles algo de apariencia punk, gótica o emo, que eso vende más hoy día y se va a ver super cool. Y así sucesivamente, hasta que no dudo que convirtieron todo en una verdadera mierda, en la cual imaginó que incluso la Reina termina aliada con un grupo de mujahidines yemenies y el gato de Cheshire resulta ser un engendro genético extirpado de la próstata de Obama.
Solo hay que comparar las ilustraciones originales, armónicas e icónicas con los esperpentos que han creado Burton y sus secuaces, verdaderos adefesios que no me he atrevido a colocar acá para no producirle ataques epilépticos a nadie.

En definitiva, por la salud mental de sus seres queridos y para evitarles posibles problemas de drogas en el futuro, absténgase de asistir y botar su dinero viendo este estercolero visual. Yo tal vez la vea cuando la pasen en la tv nacional a las 11 de la mañana, y me encuentre inmovilizado por un ataque de delirium tremens.


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