I H a t e Y o u

El infanticidio como una de las bellas artes

Posted in Arte del infanticidio by IHateYou on octubre 8, 2008

A través de la historia de la humanidad la niñez siempre ha sido considerado un estado especial en relación con la adultez del individuo, sin embargo no es universal la tendencia a sobreprotegerla que se vive actualmente en la sociedad occidental, ni menos el considerar sus derechos sobre los de los adultos. Es más, históricamente se consideró al neonato y al recién nacido como una propiedad que si no cumplía ciertas características, podía ser desechado sin remordimiento alguno, algunas veces invocando a alguna deidad y ofreciendo el sacrificio. Tampoco es cierto que aquellos que cometen un crimen de estas dimensiones realicen un acto contranatural, el hecho es aún más común entre los animales de lo que se piensa; así una leona hambrienta como último recurso puede incluso devorar a su cría. En un principio, al igual que en la naturaleza, eran los padres quienes podían decidir sobre la vida de su hijo durante sus primeros momentos de vida, en una especie de control poblacional, que aunque burdo, servía a sus fines, en una sociedad agraria y pobre. Luego, los masivos sacrificios de niños en civilizaciones como la babilónica o la azteca, no solo servían a un interés religioso, sino también práctico, para mantener a la población en unas cantidades aceptables, de modo que la escasez no fuera mayor.

El primer golpe al infanticidio, dentro de nuestra civilización, vino de mano de la ideología cristiana. El repudio cristiano a este acto proviene de dos factores, uno, sería contradictorio de no ser así, en una religión que oficialmente venera un nacimiento, y dos, como creencia emergente y extranjera, debía buscar que sus fieles dejarán una amplía descendencia, a fin de contar pronto con una ventaja demográfica. El vínculo entre el cristianismo y la presión demográfica aún sigue vigente; de otro modo no se entiende la insistencia vaticana por prohibir cualquier medio de control de la natalidad. Esto por supuesto no es exclusivo del catolicismo y también lo vemos en otras religiones que tienen su fuerza en el expansionismo como el islam. Así su repudio al infanticidio es una medida práctica, ya que la historia había entrado en una etapa en que las civilizaciones chocaban frecuentemente unas con otras y el crecimiento demográfico era visto como indispensable para la supervivencia de los pueblos.

Posteriormente en la sociedad industrial, surgida en medio del racionalismo y el igualatarismo, y la nueva religión del progreso en marcha, la necesidad de mano de obra barata y continúa, el infanticidio vuelve a ser considerado contraproducente, y la doctrina del progreso infinito e ilimitado, además de las mejoras en la vida de millones de seres humanos produce un mundo superpoblado. Sin embargo solamente hasta el último tercio del siglo XX la corriente principal considero la explosión demográfica como peligrosa y poco deseable; cuando ante sus ojos se manifiestan los limites del progreso, en la escasez de recursos naturales y la depredación del ecosistema.

Hasta este momento podemos apreciar como la adopción y permisividad frente al infanticidio, o su negación, habían obedecido a una lógica evolutiva y de supervivencia: en las pequeñas o medianas sociedades agrarias mas o menos aisladas había sido necesario para hacer control a la cantidad y calidad de las nuevas generaciones, en un medio con escaso conocimiento técnico y pocas posibilidades de aprovechar los recursos; luego conforme otras sociedades crecían, la supervivencia vino a estar también determinada por el crecimiento de la población, como medida para no ser absorbidas por otras civilizaciones, por lo que a partir de entonces empezó a convertirse en el tabú que es actualmente. La sociedad industrial en un principio también continuó por razones prácticas con esta tendencia.

Empero, luego de la explosión demográfica, vino a ser necesario considerar nuevamente el tema del control de la natalidad. De esta forma volvió a ser aceptable el homicidio de infantes, aunque en esta ocasión, en una sociedad más sofisticada y poco dispuesta a los sacrificios, bajo otras denominaciones bien pensantes y de forma mínima; como control de natalidad, píldora del día después, etc; ya que estaba demasiado arraigado el pensamiento cristiano en la cultura el sistema no podía ir más allá. En esta tibieza, está sin duda las causas de su fracaso, igual que la guerra como medio de control poblacional, estás políticas si son aplicadas a medias, es como si no fueran aplicadas, ya que su efecto es poco o incluso contraprudecente.

A pesar del exceso de infantes, en la actualidad la niñez ha adquirido un papel preponderante y se le presta excesiva atención. Esto se explica por que a la sociedad informática, que recogió el legado del industrialismo, le interesa sobre manera tener el control de todos los seres humanos desde el nacimiento. De ahí la sobreprotección y el adictronamiento sicológico; ensalzando la niñez consigue en el exceso de sentimentalismo en la población un poderoso bien, como medio para manipular su pensamiento racional, a través de los sentimientos; y de este modo también el infante y futuro ciudadano ve en el estado-informático su principal protector, por encima de los padres, a los que está capacitado para denunciar si se comportan de manera contraria al sistema. Es por esto que en la escala de prioridades de la sociedad, el infanticidio ha pasado a un último nivel, ya que lo primordial es el control.

En un futuro lejano, incluso se prevee que los niños serán diseñados geneticamente y que desde el momento mismo del nacimiento tendrán incorporados bajo la piel diversos chips, ya sean para identificación o utilitarios. Habiendo alcanzado el control absoluto, para ese entonces el infanticidio será completamente extirpado de la conducta humana, y por supuesto, se habrán eliminado los genes que habían propiciado este comportamiento. También es posible que la niñez, como estado larvario y torpe de la existencia, en si igualmente desaparezca; generándose clones ya en estado maduro y completamente funcionales. De tal manera que observamos como un comportamiento, adquirido como estrategia de supervivencia en algún momento de la evolución, puede con el paso del tiempo convertirse en innecesario y ser dejado atrás por una especie, en este caso, la humana.

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