Aveces quisiera creer que Dios existe
Aveces quisiera creer que Dios existe. Se bien que el es autista y se divierte con nuestro sufrimiento pero me convertiría en el más místico de los religiosos con el propósito de caerle bien. Quisiera esto para así poder arrodillarme y orar y suplicarle con entero sentimiento y todas mis fuerzas, día y noche, día y noche, día y noche, que me convirtiera en algo diferente a lo que soy.

No le pediría ser el Doctor Manhattan, ni Nacho Vidal, ni un hombre-lobo, ni Adolfo Hitler, no, mi ambición no llega a tanto, no te preocupes Dios.
Es más no quisiera ser nada orgánico y sujeto a una rápida descomposición y oxidación gracias a tu ingenioso invento del tiempo. Pero tampoco te preocupes, Dios, que no te voy a pedir que me conviertas en una supernova o en un agujero negro.
Tampoco quiero ser el Sol o el planeta llamado Niburu, ni ser un pedazo de roca compuesta en un 90% de hierro, y de al menos 10 kilómetros de diámetro vagando por el espacio durante milenios, esperando que un día sea atraído por la órbita de la Tierra. No Dios, no pido tanto. Definitivamente no soy tan ambicioso.
Lo que te pido no es algo tan perfecto, es más es algo que ha sido hecho por los mismos hombres y que tu en tu infinita sabiduría y terrible poder podrías emular como un niño puede hacer un muñeco con un trozo de plastilina.

Quisiera que me concedieras el ser una bruñida y silenciosa negra masa de metal sumergible. Un maldito submarino nuclear. No un F-22 Raptor, ni un Sujói Su-35BM, sino un antiguo SSBN, incluso podrías repotenciar algún viejo armatoste ruso y darle mi alma. Ni siquiera tiene que ser nuevo Dios, no es tanto lo que pido.
Solo quiero que me dotes de al menos dos decenas de misiles balísticos intercontinentales, compuestos cada uno de múltiples cabezales atómicos, capaces de ser lanzados bajo la superficie del mar y llegar a varias veces la velocidad del sonido a cualquier lugar del mundo; y destruirlo todo en un rango de centenares de kilómetros a la redonda, en una explosión instantánea de calor y radiación, que dejara solo cenizas y olor a putrefacción a su paso. Y permitir que mientras realizo mi obra, yo me deslice en silencio por las profundidades de los mares, como un cachalote metálico, en total oscuridad y silencio, oculto bajo los polos o las montañas abisales, esquivando las torpes cargas de profundidad que me enviasen los aterrorizados humanos. Luego puedes abandonarme, no te pido ser tampoco mi guardaespaldas.

Dios si me das unas señal, una sola, estoy dispuesto a creer en tu existencia y rezarte para que me conviertas en esto que quiero ser. Haré cualquier cosa que me pidas, saludare a todo el mundo, comprare biblias y se las regalare a los pobres, escribiré un blog en contra de los ateos, lo que tu quieras Supremo Hacedor del Universo. Solo concédeme esta esperanza y todo entonces tendrá sentido. Si no me crees mira aquí está la prueba de que es posible mi conversión, voy a publicar el Credo en este espacio.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
¡Oh!, Genial Arquitecto del Tiempo y el Espacio, pero igual no esperes que crea sin esperar nada a cambio, ya sabes una señal (puede ser que a algún compañero de trabajo le de un infarto) y luego lo del submarino nuclear. Voy a estar esperando todo el día.


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