Contra la juventud
No solo la vejez es despreciable e innecesaria; también lo es la juventud. Por eso también son dignos de odio todos aquellos adolescentes que van por las calles, patéticos en su supuesta actitud contestataria y la afirmación exultante de su individualidad, cuando lo único cierto es que no son más que ovejas ignorantes, iguales a otros millones más, que también han sido uniformados por el sistema;angustiados todo el tiempo por pertenecer a un grupo; dirigidos ciegamente por sus genes en busca de perpetuarse en algún cuerpo apto para la reproducción, como si la vida se les fuera a acabar mañana, o temiesen en todo momento ser linchados por la manada; mientras miran a los demás con ese aire de superioridad reprimida.
Los unos ataviándose como pavos reales de marcas, porque si no lo hacen no podrán aparentar ser lo suficientemente “rebeldes” (ya que hasta los supuestos punks, se diferencian entre sí por la marca de su chaqueta o sus botas), son elementos claves del sistema, un engranaje que permite tener a toda máquina factorías al otro extremo del mundo; y que sostiene multinacionales de todo tipo, demasiado prósperas a expensas del ansía física de los jóvenes; seudo-niños que viven en un mundo donde desde la temprana infancia se les reprime todo comportamiento natural y el único medio aceptado de saciar sus deseos es mediante la compra desenfrenada de objetos símbolos, que pobres ingenuos si se detuvieran a pensar un poco, no son el objeto en sí que desean, sino un pobre sustituto para que sigan en su masturbación solitaria. Así compran rebeldía marca Levis o amistad marca Motorola o cualquier cosa que les haga falta. Hasta afecto marca Nintendo. Patéticos y vacíos, sin pensamientos propios, son gracilmente maleables por los medios masivos, que cada generación construyen imaginarios de chicos-putos y chicas-putas más refinados. Son un desperdicio completo, meras sanguijuelas que aprovechan hasta los últimos fluidos de sus padres, ya completamente avasallados; su existencia no es más que un absurdo y su fugaz felicidad, no es más que la causa de que luego deban de adultos trabajar hasta romperse los lomos para sostener a otra nueva generación. Pero asi y todo nunca pueden satisfacerse al nivel de los altos estándares publicitarios y las más de las veces se encuentran en un franco estado de deplorable frustración, mientras que la vida se les va en absurdas obligaciones colegiales y familiares, y siguen viviendo en su pequeño mundo de fantasías; deprimidos por no ser una perra como Paris Hilton, porque tan nimios y de poco alcance son sus pensamientos.
Los otros, su juventud no se diferencia en gran medida de otras etapas de sus vidas, son pobres o demasiado feos o tienen defectos congénitos, pero la sufren con el agravante de la ignorancia y la sensibilidad exaltada de tales años. Solo son mentes fácilmente maleables por idealismos utópicos y la carne que seguirá alimentando a diversos monstruos, llámense iglesia o poder. La escuela y los maestros programan sus cerebros con gratuidad pasmosa, y no son pocos quienes les nombran genéricamente y se regodean en el prestigio de ser queridos por los jóvenes. Enriquecen las cuentas de artistas, políticos, banqueros; y por si fuera poco se les encomienda la defensa del estado o los grupos representados por él; se les da un arma y se convierten en gráciles autómatas entregados en cuerpo y alma, sin rechistar; prestos a ser manipulados como la masa informe que son.
Se adora la juventud, mientras que al mismo tiempo se le aplica con tenazas su castración definitiva, convirtiendo sus indómitos impulsos en el germen del ser humano respetable, consumidor compulsivo y al mismo tiempo impotente, en su frustración vital. Y los jóvenes acuden como ratas al llamado de sus cirujanos, entregando sus cuerpos y pensamientos, cobardes y pasmosos. Y de entre aquella masa indeferenciada, solo unos pocos serán capaces de descubrir un día que su existencia es una farsa, una mera broma genética, y que sus años dorados han sido amputados; que todas las cosas en las que han creído son falsedades, y que su mera existencia es una carga para el mundo. Y que cualquier recuerdo inventado a futuro sera mejor que la realidad de tal desperdicio de tiempo de sus vidas.


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