I H a t e Y o u

Contra los viajes

Posted in Contra los viajes by IHateYou on diciembre 29, 2008

Tan absurdo como este poster retrofuturista es la publicidad que invita a los viajeros a conocer basureros de playa o nieve por todo el planeta

Los viajes, sobre todo cuando se transforman en un acto masivo y desenfrenado, se convierten en solo otro hecho pasivo de consumismo; que por un lado crea hordas de turistas ebrios que llevan consigo por todo el mundo no sus mejores hábitos, y por el otro vastas poblaciones parasitarias que han abandonado toda actividad productiva en pro de mendigar por unas cuantas monedas, ofreciendo servicios espúreos a los ocasionales invasores. La abundancia temporal de energía hace posible que el transporte a regiones remotas pase así de ser una aventura a una mera rutina. Pero no es la intención aquí, expandirse sobre posturas ecoparanoides acerca de huellas de carbono ni asustar a los futuros viajeros con el peligro siempre presente de morir en una tierra extraña, por ejemplo.

El avance de los medios de comunicación ha hecho posible conocer el mundo sin levantarse del sofá, y sin embargo son miles los que diariamente siguen emprendiendo un viaje inútil. ¿Qué esperan encontrar, fuera de los mismos hombres, repetidos, consumiendo espacio y recursos, unos más pobres, otros más ricos, viviendo bajo los mismos techos, unos cuadrados, otros circulares, durmiendo, comiendo, en suma presenciar la misma comedia de la subsistencia en distintos escenarios? Si ya se te hacen despreciables tus semejantes más cercanos con sus propias mezquindades, peor será con las poblaciones extranjeras y sus hábitos extraños. Incluso las hordas turísticas evitan a los nativos y prefieren relacionarse entre ellos mismos, cuando en sus lugares de origen tal vez ni se determinarían mutuamente. Así los turistas transitan solo por los caminos demarcados, aquellos “atractivos” que hacen merecedor algún territorio de ser visitado; pero conscientemente evitan también lo ajeno, lo desconocido, aquello que les recuerda que la región paradisíaca de los anuncios de la agencia de viajes en realidad no es sino otro sitio igual del que provienen; más tibio, o más frío. El turista experimentado sabe que el viaje a la larga será penoso, por las largas filas, las momentáneas incomodidades, y que el arribo a un pequeño punto en el mapa donde se ha construido un lujoso hotel para engañar al visitante, muchas veces no tendrá mayor emoción.

Otros turistas prefieren ir más allá y arman su viaje de manera personalizada, tratan de evitar los lugares comunes, pero a la larga también terminan cayendo en ellos. Y otros se consideran a si mismos viajeros, más que turistas. Pero como el de todos, su viaje, tan pronto llega a su destino, también pierde cualquier sentido. ¿Qué es un viaje sino un huir de si mismo? Llevar literalmente la propia basura a otro lugar cuando hubiera podido depositarla en su propia habitación. Conducir el propio cuerpo a un sitio donde broncear la piel o experimentar el frío de la nieve. Y habiendo millones de lugares distintos en la Tierra, todos sin embargo saben a lo mismo. Más aún cuando todos los lugares a punta de presencia humana terminan siendo el mismo lugar. Y el viajero llega a un lugar lejano y lo primero que busca es la cadena de comidas rápidas o el supermercado conocido. Ya que no hay nada más decepcionante que cumplir un deseo, como el de conocer algún paraíso imaginado, para caer en cuenta que no era sino un basurero similar al propio. Que más prueba que saber que el sitio donde habitualmente residimos nos puede parecer vulgar o deprimente (con razón) y que sin embargo algún incauto en las antípodas esté esperando conocerlo y gaste miles por costearlo.

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