El Inhumano (1)
Mira al cielo. ¿Cómo puedes saber qué esta bien y qué esta mal? Me desdoblo y desde los reflejos rápidos de los vidrios del automotor, veo un macho-alfa en potencia, un primate poderoso, y me cuesta reconocerlo como mi propio cuerpo. ¿Es mi individualidad chocada con la manifestación en mi propio ser de lo general, genético, o es al revés? Mi yo, mi conciencia… ¿es lo que soy en realidad o solo es una capa, una cáscara más, que me oculta a mi mismo? ¿Es el cerebro quién piensa al cuerpo o mi personalidad solo existe como una ilusión de control, un metadato? El ser humano es tan soberbio.
Veo una máquina, una máquina con gran potencial, pero solo una máquina. Veo los mismos software primitivos discurrir por las mentes de la mayoría. Se ven tan graciosos y a la vez perturbadores. No cuesta imaginar a algún científico social planeando la próxima gran vuelta de tuerca, y como esos apocados simios hoy preocupados por la extinción de las ballenas mañana ayudaran a que suban los precios del trigo.
La repetición hace la verdad.
Hay una bestia que quisiera ser desatada y enfrentar la manada para crear una nueva. Pero son similares a abejas. Son educados para manifestar obediencia al panal. Esa costra de obediencia es fuerte y dura y es necesaria, si no, cada bestia se comería a la otra. ¿Cómo saber que no estamos programados? Los límites del libre albeldrío los reduce la ciencia cada instante. El libre albeldrío al final vendrá a ser lo mismo que el azar. Cuando echamos los dados. De otro lado, casi siempre lo que hemos aprendido nos guía. Normalmente se es tan predecible. ¿A la máquina le importa si es libre o no? ¿Un automóvil esta vivo mientras esta encendido? Si alguien ve morir a alguien… ¿también muere?
Pero ahora estoy aquí. Recuerdo la primera vez que les observe, saliendo de la carretera y entrando en un lote abandonado. Eran cuatro, eso lo sé.
Eran cuatro, lo sé. Ellos no tienen nombre, (aún). Permanecen como sombras agazapadas y me observan. Estoy seguro de que, aunque ya no los vea, están muy cerca. Recuerdo como detuve el automóvil, antes de que estuviera a punto de salirse de la calzada. Las ruedas patinaron apenas a tiempo en la curva, y yo advertí que había estado a punto de dormirme. En ese instante, había soñado que alguien me acompañaba en el otro asiento, y que escuchaba risas y música. Tal vez tenía una familia o amigos, y la persona que me hacía compañía era una mujer a la cuál amaba, y me correspondía. Pero sólo era un sueño. Conducía solitariamente, aunque no estaba claro del todo, el por qué había tomado esa vía destapada que serpenteaba por la montaña, a varios kilometros de la ciudad, como una cicatriz que se extendía.
¿Qué era aquello que buscaba? ¿Huía de algo o de alguien?, ¿o tal vez la vida era tan gris que se podía despertar solo, en medio de la nada y vacío?
(Continuará…)


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