Pasado de moda
En esta época para ser completamente feliz hay que saber leer catálogos de hiper mercados. Es una habilidad esencial. Tener una vida es poseer un televisor de cincuenta y ochocientas pulgadas. Si no lo tienes, no eres nadie. Esto es lo bonito de la Navidad, darse gusto y demostrarte lo holgado que puedes llegar a ser (asi que tenemos esta gran fiesta de derroche patrocinada en nombre de la cristiandad, la religión de la pobreza y la caridad, una ironía más del mundo. Es como las competencias deportivas con anuncios de licor y cigarrillos, la contradicción esta ahí, todo el mundo la ve, pero al cabo del tiempo el suficiente número de repeticiones hace la verdad. ¿Cómo la conmemoración del nacimiento de un semidios semítico ha devenido en la fiesta primordial del imperio global del consumo? A los antropólogos les debe fascinar este tema).
Sin embargo, la necesidad de celebración parece estar profundamente arraigada en el espíritu humano; reunirse con sus congéneres luego de haber cumplido algún ciclo de producción, liberar los instintos y durante unos días distensionar las normas sociales, antes de iniciar otro ciclo más, es una de las actividades sociales más antiguas, y casi siempre ha tenido un sentido religioso. Hoy día los ciclos son artificiales y el sentido religioso ha sido minimizado, lo cuál me parece una consecuencia lógica y deseable de la liberación del individuo; sin embargo el sentido de catarsis de las celebraciones antiguas también se ha perdido; se ha convertido en algo robótico, en pos de la unión familiar, la satisfacción solo se permite mediante el consumo de objetos. Y la frustración es una norma generalizada, porque solo un reducido número de personas puede cumplir al cien por ciento con los estándares de consumo que venden los medios. En este afán de imitación de anuncios publicitarios, la celebración global también divide cada vez más a los grupos sociales en aparcamientos diferenciados. El ser humano se libera del yugo del grupo, pero entra en un espacio de avasallamiento mental, en el cual es controlado mediante imágenes virtuales.
¿Sería mejor un mundo sin Navidad? Yo apuesto que sí, en un mundo realmente individualista y donde cada ser humano satisfaciera su libertad en el momento deseado y con sus seres cercanos; no en una orgía de falsa hermandad. Porque si existe un mes oficial de paz y armonía, es porque durante el resto del año no hay ni empatía ni buenos deseos con el prójimo.
En todo caso, ¡Felices fiestas amigos!


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