I H a t e Y o u

Lugares comúnes del suicidio

Posted in suicidio by IHateYou on junio 5, 2008

Es un lugar común acusar al suicida de cobarde; no obstante, ¿no es más qué cobarde juzgarlo desde fuera?; tan solo para tranquilizar la conciencia, y asentir a la vida que el valiente es aquel que sigue existiendo. Pero ante la vida o la muerte, ¿no produce más temor y reverencia siempre la muerte? y enfrentarse a la eternidad o el vacío, la nada o simplemente lo desconocido, dependiendo de las creencias del suicida, ¿no requiere de un valor extraordinario o al menos una fuerza de voluntad y determinación, de la cual, no todos son capaces?

En ciertas circunstancias ¿no es más cobarde insistir en continuar una patética existencia?; ¿no es más indigno vivir en la mentira, la hipocresía o la enfermedad, física o mental?

Culpar al suicida no es más que un mecanismo de defensa ante la muerte, que es una puerta que siempre esta ahí, dispuesta; es la más alta libertad de un ser humano, el decidir cuando acabar con su propia existencia. Por defecto estamos programados para preferir la vida sobre la muerte, pero socialmente el tabú es aun mayor, y niega los múltiples matices en los cuales la vida no llega a ser más valiosa que la muerte: una vida de agonía, mental o física, que nadie cambiaría por su propia vida, una vida de dolor o hastío, concientemente inútil.

Las normas religiosas y morales condenan cualquier atentado contra la vida, sea consentido o no, como si existiera una linea divisoria real entre la vida y la muerte, y como si las dos no fueran expresiones de un mismo fenómeno; como si un niño, un feto o un anciano pudiesen poseer la misma vitalidad, y no ser expresiones cambiantes de diversas fases en un proceso físico; la existencia.

Y es que no toda vida puede ser juzgada valiosa por el mero hecho de existir. Si bien no nos podemos dar el derecho de juzgar sobre la vida de otros, ¿no es el propio individuo el más indicado para juzgar el valor de su propia vida? ¿No es más generoso con el género humano, el pensamiento de que nuestro evolucionado cerebro puede poseer la libertad y capacidad necesarias para realizar esta apreciación sobre su propia existencia y en base a su investigación interior, tomar una decisión y afrontar sus últimas consecuencias? ¿No es otra expresión de la castración del individuo, el tratar a éste como si fuera un eterno niño incapaz de valerse por sí mismo, que necesite siempre de la tutela de un gran hermano, llámese estado, religión, moral, familia, para tomar incluso sus más íntimas decisiones?

Es obvio que son múltiples los factores que pueden llevar a alguien a tomar una determinación tan radical como quitarse la vida, pero por eso mismo no se puede reducir todo al factor común de “es un cobarde que no quiso enfrentar la vida“, por que ésta manida frase no es sino un juego del lenguaje, para ocultar el propio y profundo temor a la muerte. Es sintomático de está incomprensión, que aunque se llegue a percibir en la sociedad en general cierta benevolencia hacía aquellos suicidios causados por factores muy notorios físicamente (como las personas que se lanzaron de los edificios en llamas durante el 9/11, o aquellas afectadas por enfermedades degenerativas e incurables); no exista la misma apertura mental cuando estas causas son desconocidas o aparentemente ocultas; desestimándolas entonces, aunque puedan ser igual de terribles y desafortunadas para aquel que las padece sin tanta parafernalia.

El suicida, como cada uno de nosotros, es el único dueño de su vida.

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