Punto cero del sueño
Faltan algunos minutos para la hora de salida, y la editora se acerca a mi puesto. Trae en sus manos una pruebas de impresión y yo temo lo peor. “Hay que arreglar esto. Es urgente”. Miro la página donde están consignada la lista de errores y mi vista no alcanza a abarcar todo lo que hay que hacer. ¿Por qué demonios espera hasta última hora para decírmelo? Ahora tengo que terminar ese trabajo, así pase la madrugada encerrado aquí. De repente la CPU comienza a sonar de un modo raro, como si alguno de los ventiladores estuviera golpeando algo. Le digo a la editora “siempre que usted se acerca acá nada funciona”. Lo he dicho casi a gritos y la pequeña mujer da instintivamente un paso atrás y abre los ojos de arpía hasta que casi se le salen de las órbitas. El sonido que produce la CPU continúa subiendo de intensidad y ahora cruje, y yo me levanto de la silla y me quedo mirando la computadora. Me entretengo con la cara de susto de la editora. “Ja, ja, sería maravilloso que ese trozo de silicio y plástico estallara en estos momentos, y que los fragmentos de la caja fueran a dar contra su rostro”. De repente de la caja empiezan a salir chispas y luego una llamarada de fuego. Entonces alguna parte de mi mente comprende que son mis deseos los que han producido el estallido, que por ahora ha evitado que tenga que realizar ese trabajo desagradable. Me concentro de nuevo en lo poco que queda de la CPU, y esta vez produce una pequeña explosión. La mujer se escabulle como un roedor asustado. Mientras tanto pienso, en que no me importa perder ese trabajo de mierda, bien vale la pena todo solo por ver la cara aterrada de esa arpía. Ya me las arreglaré de otro modo para pagar mis deudas.
Entonces despierto. Estoy de nuevo en mi habitación. Me siento agitado. “A”, mi mujer, viene llorando hacía mí y me dice casi en un susurro “F, ayer un diablo venía detrás suyo”. De manera instintiva giro mi cuello y trato de observar mis espaldas. La trato de calmar, le digo que no he visto nada extraño. Entonces con el rabillo del ojo veo una figura mediana y de color negro, que se mueve velozmente. La silueta parece un personaje de dibujos animados. Es aterrador, pero no digo nada, no quiero asustar aun más a “A”.
Es de madrugada, e intentamos dormir. De repente me siento extraño. Permanezco con los ojos abiertos pero aún así no puedo moverme. “Tengo un episodio de parálisis del sueño” me digo, y trato de expresarle a “A” que me golpeé con fuerza para que mis brazos vuelvan a adquirir movilidad. Pero no funciona. La sensación es tan vívida como si fuese real. Me fijo en la ventana del cuarto. El postigo de un lado esta abierto y puedo observar aterrado un fuerte resplandor en la calle, es como el punto inicial de una pesadilla con pequeños hombres verdes. Me siento levitar hacia la ventana, pero cuando mis pies están casi fuera de la casa, me resisto a atravesar el umbral y vuelvo a mi lugar en la cama. Permanezco aterrado hasta que el sueño profundo cede y vuelvo a la consciencia. Abrazo a “A” con fuerza pero ella esta dormida. Luego de unos minutos la impresión ha perdido la fuerza suficiente para que pueda atreverme a observar la ventana. Esta cerrada, y razono que el resplandor era producido por la refracción de las farolas de la calle en los cristales empañados. La imagen es muy similar a la del sueño, en colores y perspectiva.
Entonces, concluyo que solamente me había quedado dormido con los ojos abiertos.


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